
México D.F.- Después de un largo día de hacer que hacer y levantarse tarde para desayunar y arreglarme, me dieron las 4.40 de la tarde y el sol quemante invadía las calles del sur de la ciudad. En ese momento me di cuenta de que tenía que ir a cumplir con un deber y que no era tarde para hacerlo. Después de caminar menos de una cuadra llegué a donde estaba instalada la casilla de mi colonia, se podía ver a las afueras del recinto a dos capacitadoras haciendo encuestas.De inmediato entré al lugar y delante de mí había 5 personas, la actividad era muy escasa, casi nula, como muchos de los votos que seguramente había en las urnas.Al poco tiempo de estar en la fila me pidieron mi credencial y rápidamente localizaron mis datos, en ese momento me di cuenta de que sólo era un número más para éstas instituciones, escuché “436, en un momento le entregamos su credencial, ésta es la boleta para jefe delegacional y ésta para diputado federal, pase y después deposite su voto en las urnas”.Muy rápidamente avanzó la fila y encontré un lugar libre, en ese momento leí la boleta y me dispuse a votar.Regresé con el encargado, quien me llenó de tinta mi dedo pulgar y me devolvió mi credencial.
Eran las 5 de la tarde y salí del lugar y estaba más que vacío, seguro que muchos habrán pensado “¿Qué caso tiene?”. Hoy descubrimos o confirmamos lo que se veía venir y lo esperado muchos, el dinosaurio había regresado, como lo dijo alguna vez augusto Monterroso “Todavía estaba ahí”, en el poder.
Eran las 5 de la tarde y salí del lugar y estaba más que vacío, seguro que muchos habrán pensado “¿Qué caso tiene?”. Hoy descubrimos o confirmamos lo que se veía venir y lo esperado muchos, el dinosaurio había regresado, como lo dijo alguna vez augusto Monterroso “Todavía estaba ahí”, en el poder.
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